La India y su gente
19 julio 2010
Las mujeres pasean sus bellos y coloridos “saris” o “punjavis“, con esa parsimonia del que sabe que no hay prisa, que el trabajo que no se pueda terminar hoy, se acabará mañana.
Te miran de reojo con discreción cuando caminas por su ciudad y, si las pillas, te dedican una sonrisa cálida.
En el sur de la India, el bigote es un símbolo de virilidad al que pocos hombres renuncian. Dicho símbolo contrasta sobremanera con el atuendo habitual de campesinos y obreros, que consiste en un pareo largo hasta los pies o corto hasta la rodilla. El 80% de la población activa del sur trabaja en la agricultura, o sea, que hay muchos hombres con pareo o “lungi“. Si eres occidental, te hace gracia.
Ellos sí se toman la libertad de mirarte de arriba a abajo, como si te hicieran una biopsia de toda tu anatomía, con esa curiosidad que se ve sobre todo en los niños. Sólo te sonreirán después de la primera toma de contacto.
Naturalidad, curiosidad, simpatía, inocencia y encanto son los regalos de bienvenida de todos los niños sin excepción.
Te cogen de la mano y van paseando contigo, como si estuvieran interpretando el papel que desempeñarían tus hijos. Miran hacia arriba, te clavan la mirada oscura pero luminosa y te van preguntando lo que se les ocurre, un poco en inglés y todo lo demás en telugu.
Se da uno cuenta de lo individualistas que somos en nuestro “primer mundo”, donde estamos tan ocupados con nosotros mismos que…
¿Es que somos el “tercer mundo” en todo lo que respecta a lo inmaterial? No, lo que pasa es que lo vivimos de otra manera.




