El amor en territorio indio

28 agosto 2010

Vimala y Sudakhar se conocieron el tercer día de su boda, aunque antes habían hablado dos veces por teléfono.

Una alcahueta amiga de la familia de él fue la encargada de buscarle la esposa más adecuada. Para ello, la señora imprimió el currículum del casamentero y le añadió una foto de carné y otra de cuerpo entero.

Cuando dicha alcahueta encontró a una candidata apropiada, comparó el currículum de él con el de ella y decidió que también hacían buena pareja físicamente. Así que sólo quedaba negociar la dote, previo vistobueno de los currículos por parte de los candidatos. 

En un futuro, los problemas que se deriven del desconocimiento entre los cónyuges serán consultados con los suegros, que harán de intermediarios ante una situación insostenible.

Es tan sencillo como montar una sociedad anónima. Dos socios fundadores (cónyuges) reciben consejo de un asesor empresarial (alcahueta) y cuentan con un capital inicial (la dote), unos conocimientos técnicos (profesión del marido) y un experimentado equipo de dirección (suegros), que velará por la correcta fabricación y mantenimiento de los productos (hijos).

“El amor viene después del matrimonio. Claro, primero te casas y luego te enamoras”, dicen todos los indios con pleno convencimiento. Y te miran como si no tuvieras ni pajolera idea de lo que es el amor. Desde luego, a ellos se les ve más conformes que a muchos matrimonios occidentales.

Pero… ¿Quién determina lo que es el amor y de qué manera debe manifestarse?

En una sociedad tan conservadora como la india es impensable divorciarse y buscarse otra pareja. En concreto, las mujeres suelen quedar estigmatizadas para siempre.

Sin embargo, a nosotros los occidentales nos pasa todo lo contrario: tenemos tanto donde elegir que no sabemos con quién quedarnos. O cuando decidimos quedarnos con alguien, acabamos cambiando de opinión para después cambiar de pareja…

Es lo que tiene nuestra sociedad de consumo, en la que ya nos permitimos el lujo de consumir colonias, cosméticos, ropa, alimentos sanos, etc., para estar más monos, ser más felices y acabar consumiendo personas. Y ser más felices todavía, claro está (no es una crítica, sino una observación).

¿Somos por ello más felices que los indios? Permítanme que lo dude.

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2 comentarios hacia “El amor en territorio indio”

  1. Conxi escribió

    Brillante…

  2. Silviiigp escribió

    Eres un crack.

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